La Universidad: Un poco de historia

En aras de explicar un poco el origen de la actual crisis educativa y concretamente la universitaria creo conveniente preguntar a la historia.

Historia que podría resumirse en el paso de una universidad franquista elitista y burocrática a una universidad de masas pero burocrática también.

La Universidad en el franquismo.

La burocracia franquista estaba presente en el profesorado, al ser éstos funcionarios de por vida que gobernaban las facultades y universidades y elegían a sus sucesores a su gusto con oposiciones formalmente muy difíciles, pero que se resolvían con clientelismo y amiguismo. Lo que ocasionó que en la universidad existiera un gran numero de mediocridades.

Además solo los hijos de las familias de la burguesía media-alta tenían acceso a ella, por lo que era elitista.

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Existía un gran numero de profesores no funcionarios, de categorías inferiores; profesores muy mal pagados y que ejercían las tareas docentes dado el absentismo de los catedráticos (la mayoría dedicados a actividades políticas o privadas, la mayoría de estos no profesionalizados en la educación superior.

Una parte de los profesores no funcionarios estaba hecha a imagen y semejanza de sus patrones catedráticos, pero otra parte pequeña pero significativa apoyó el movimiento estudiantil democrático y antifranquista y elaboró una serie de propuestas que reflejó en el “Manifiesto por una universidad democrática” (1966). Éste reflejaba una oposición a medidas elitistas contra el estudiantado (como la selectividad), la defensa de un sistema contractual que condujera a profesores contratados por sus méritos y la democratización y la desburocratización de la universidad entre otras.

La universidad a partir de la transición.

El gobierno de Felipe González dio el paso de la universidad elitista a la universidad de masas, multiplicando el número de estudiantes en un corto periodo de tiempo, pero manteniendo el principio burocrático. Esto, unido al hecho de que el Partido Comunista de Carrillo contribuyera a pacificar la universidad, causó la brusca desmovilización de la universidad.

Se crearon nuevas universidades públicas, aumentando así la escasez de éstas durante el franquismo, y se abrió la puerta a la creación de universidades privadas.

Durante los años ochenta y noventa en las universidades públicas los estudiantes atestaban las aulas; a menudo faltaban asientos, libros, bibliotecas, personal, espacios de estudio, medios… Se privatizaron servicios internos como fotocopiadoras, librerías, restaurantes y bares.

La brecha de clases se empezó a sentir entre las universidades públicas y las privadas, más caras, dirigidas a estudiantes de clase alta.

En éstas existía un ambiente más selecto y los estudiantes podrían establecer relaciones útiles para las futuras élites dirigentes empresariales o políticas del país.

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Respecto al profesorado, el gobierno de Felipe González acabó con el proyecto de relación contractual del profesorado antifranquista, convirtiendo en funcionarios a prácticamente todos los profesores que no lo eran. Esto no fue una necesidad educativa, sino una necesidad política para obtener la alianza del sector intelectual más amplio y con más influencia social: el de los universitarios. La burocratización se hizo sin criterios selectivos, se convirtió en profesores funcionarios a prácticamente todo el que lo quiso y así los méritos docentes e investigadores empezaron a perder importancia.

Aparecieron nuevos caciques con influencia en diversas disciplinas.

El valor de la investigación y de la docencia de muchos profesores quedó en sus manos y la filiación política empezó a contar por debajo de la mesa. Como consecuencia, condicionó a muchos profesores valiosos que desistieron de convertirse en catedráticos, pues no aceptaban el amiguismo, sumisión, adulación y trafico de favores impuestos por los caciques correspondientes.

Esta nueva endogamia facilitó que determinadas disciplinas quedaran en manos de una única escuela del pensamiento.

La universidad conservó el rasgo capital de la administración burocrática: para el mantenimiento del statu quo no se despide a nadie. Profesores o administrativos incompetentes o absentistas permanecen en sus asientos pese a que su comportamiento es conocido. La vigilancia sobre el cumplimiento de los deberes de estos es nula a pesar de la simulación de control en forma de encuestas a estudiantes.

Surgimiento de los Consejos Sociales. Órganos de representación de la “sociedad” en la universidad que se traducen en representación política, sindical y empresarial. Sin embargo, no tienen la función de patronazgo que tienen en otros países, son órganos parásitos que no aportan nada, ni becas, ni recursos financieros, ni propuestas racionales de futuro.

También ha aparecido en las universidades una falsa “meritocracia de papel”, constituida por ciertos profesores dedicados a obtener certificación documental hasta de la más nimia de sus actividades; a rellenar minuciosamente cada uno de los impresos burocráticos con los que algún día se evaluará formalmente la actividad investigadora; a figurar en los medios de masas y a adular a las autoridades académicas y políticas.

Hay que mencionar especialmente los sistemas adoptados en tiempos recientes para que el profesorado obtenga reconocimiento de su actividad investigadora. Se valora “publicar”, pero no qué ni dónde. Ciertas revistas establecidas por el “cacicado” académico están muy valoradas; otras, alternativas, ni cuenta. Se evalúa el número de veces que un nombre aparece en el conjunto de publicaciones del mundo mundial, lo que fomenta las “trampas” de citaciones mutuas en publicaciones de profesores. La moral universitaria se viene abajo…

Los evaluadores son los programadores y seleccionadores de personal reales, efectivos a la larga. La policia del pensamiento.

Esto, sumado a lo dicho en el artículo “Qué es Bolonia”, incrementa la preocupación por el estado actual de la universidad.

Basado en “La crisis universitaria y Bolonia”, de Juán-Ramón Capella, publicado en El Viejo Topo.

Publicado en  on Marzo 14, 2009 at 8:51 pm Dejar un comentario
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¿Convergencia en los precios públicos?

Muchos hablan de que la nueva Ley de Universidades, conocida popularmente como Plan Bolonia y desarrollada en la legislación española por el Real Decreto 1393/2007, (que modifica la Ley Orgánica de Universidades aún vigente), traerá la igualdad de oportunidades para todos los estudiantes de todos los países que adoptan dicho plan.Los promotores de Bolonia, se llenan la boca diciendo que todos podrán acceder a los estudios universitarios independientemente de su clase social y capacidad económica, y del centro en que curse.

No obstante, esa vana palabrería es echada abajo por los propios preceptos de la Ley en cuestión, y por ello, debe citarse textualmente el contenido del art. 7 del Real Decreto 1393/2007, de 29 de octubre, sobre precios públicos de las enseñanzas universitarias oficiales.

De acuerdo con lo dispuesto en el apartado b del artículo 81 de la Ley Orgánica 6/2001*, de 21 de diciembre, de Universidades, en su nueva redacción dada por la Ley Orgánica 4/2007*, de 12 de abril, por la que se modifica la anterior, en las enseñanzas conducentes a la obtención de títulos de carácter oficial y validez en todo el territorio nacional, e impatidas en universidades públicas, los precios públicos y derechos los fijará la Comunidad Autónoma, dentro de los límites que establezca la Conferencia General de Política Universitaria, que estarán relacionados con los costes de la prestación del servicio.

Los promotores de Bolonia.

Los promotores de Bolonia

Si analizamos este artículo, claramente se deja libertad a las Comunidades Autónomas para establecer sus propios precios públicos en las universidades existentes en su territorio.

Por tanto, con esta ley no sólo no habrá igualdad entre los estudiantes europeos en cuanto al desembolso que tendrán que realizar para tener derecho a estudiar, sino que tampoco lo habrá dentro del propio Estado Español.

Observemos a continuación la siguiente tabla, en la que se muestran los precios públicos que establece cada Comunidad para cada crédito en un máster:

Extremadura ………………13,86

Comunidad Valenciana……13,87

Cantabria……………………14,77

C C.-La Mancha……………15,10

Cataluña……………………16,01

Aragón……………………..17,55

Asturias…………………….17,69

Galicia………………………19,26

La Rioja…………………….21,04

Murcia………………………21,88

Baleares…………………….22,40

País Vasco………………….22,46

Madrid ……………………..24,00

Navarra……………………..24,54

Castilla y León……………..26,58

Andalucía…………………..27,10

Canarias……………………28,38

Como puede verse, un estudiante que curse en Andalucía o Canarias paga casi o más que el doble que otro que lo haga en Extremadura luego…

¿Realmente somos todos iguales ante esta ley?

Si contamos con que el máster contiene entre 60 y 120 créditos, a un extremeño le supondrá un coste de entre 831,6 y 1.663,2 euros, a un andaluz entre 1.626 y 3.252 euros, y a un canario entre 1.702,8 y 3.405,6.

Además hay que añadir que, a tan escaso tiempo de que comience a aplicarse oficialmente el Plan, aún no se han decidido los precios correspondientes a los créditos de los grados, por lo que se resalta la irresponsabilidad de los legisladores y ejecutivos del mismo a la hora de cumplir con lo que ellos mismos proponen…

Dejamos al criterio del lector la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Realmente habrá convergencia?


*LOU (Ley Orgánica de Universidades)

*Ley que modifica la LOU para su adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior

Publicado en  on at 8:00 pm Dejar un comentario
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Memorias de un claustral

Hace ya casi un año que fueron las elecciones a representantes de estudiantes. A quien haya entrado este año a la universidad le sonarán a chino, a los veteranos les sonarán algo más. Y es que las elecciones, tan propias de esta sociedad tan democrática (¿o debería ponerlo entre comillas?) son todo un espectáculo. Las estudiantiles no iban a quedar exentas. Los pasillos se llenan de carteles, tías y tíos pesados que no paran de darte la brasa, e incluso te intentan convencer a base de regalos, bastante ridículos por cierto, por no decir cutres: cutre-bolígrafos, cutre-caramelos (¡sin azúcar!), cutre-carpetas, cutre-pegatinas…


Todo el mundo se llena la boca de buenas intenciones, y cuenta lo fabuloso que es su programa, las cosas que quiere hacer, etcétera, etcétera. El truco está en repetir las mismas cosas mil veces para que, al final, el sueño más surrealista y estúpido sea concebido como posible y, encima, valorado positivamente. Parece que ninguno de estos sujetos parlantes, que deambulan entre aula y aula, se plantea fomentar actividad cerebral alguna entre los estudiantes. ¿Para qué? Su mirada ya lo dice todo: “Queremos tu voto, estúpido”.

A todo esto, hay que añadir que más de las tres cuartas partes de estos zombis de la política universitaria están ahí por cumplir con el partido político en el que militan y que nunca mencionan. Ya de paso, intentan trepar todo lo que puedan abanderados por un individualismo feroz (pero ¡ojo! nunca se te ocurra decirles esto último, además de negártelo a gritos e insultarte, te perseguirán hasta que les tengas que suplicar perdón de rodillas, y eso si tienes suerte. Dice la leyenda que algunos incluso muerden). Llegado el tan esperado día de las votaciones, la mayoría de estos bichos desaparece, aunque siempre queda algún que otro listillo que intenta saltarse la norma de no hacer campaña ese día. Les guste o no, las cartas están echadas. Una vez contados los votos y hecho el escrutinio, se pronuncia la sentencia, que suele dar reacciones de todo tipo: desde risas y bailes populares realizados de una manera bastante amateur en el lado vencedor, hasta auténticos tsunamis de lágrimas en el bando perdedor.


Lo bueno viene ahora.
En este momento, los ultra-burocratizados órganos de la universidad se ponen en marcha, y en un cortísimo periodo de tiempo, unos tres o cuatro meses (casi nada), hacen traslado de “poderes” a los nuevos representantes para que estos, en la medida de lo posible, cumplan lo prometido (se supone).


Y es aquí donde reside la mayor controversia del sistema político universitario (que tampoco es que se diferencie mucho del sistema político actual): la democracia participativa o, mejor dicho – la falta de ella. Aquellos que llegan en busca de beneficio propio, consiguen lo que quieren, tirando su programa electoral a la basura (ya fueren las “barriladas”, las fiestas, el barco del arroz o el “flower power”). Y si no lo consiguen, se dedican a dar por saco hasta obtener lo que quieran. ¿Les suena el caso?

Del otro lado, están los ilusos que se creen todo ese rollo de la universidad democrática y participativa, e intentan cambiar algo. Pero es difícil cambiar algo con dos claustros al año, donde la participación del estudiante se reduce a una intervención de quince minutos como máximo (en caso de ser grupo claustral, con más de 11 alumnos), y cuando todas las decisiones importantes se toman en despachos del rectorado, sin ningún debate, votación o participación del estudiante.


Eso por no hablar de la ponderación de los votos en dicho claustro, en la que el colectivo estudiantil tiene un poder de decisión del poco más del 20%, siendo más del 80% de la comunidad universitaria. Es destacable también la mayoría absoluta del profesorado, con más del 50% de poder de decisión.


Para no aburrir, vayamos cerrando el capítulo. Habría que reflexionar sobre las posibilidades de una “universidad democrática” real y sus controversias con el modelo vigente en las universidades del Estado español, así como provocar la correspondiente reflexión sobre la figura del representante: ¿Le has visto? ¿Le conoces? ¿Ha hecho algo de su maravilloso programa electoral? ¿Ha hecho algo por ti? ¿Te representa?


Tal vez sea hora de replantearse las cosas…

Publicado en  on at 7:33 pm Dejar un comentario
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Carta de un compañero.

Han pasado ya algunos meses desde la formación de la primera asamblea universitaria en Málaga. Desde entonces el trabajo voluntario de sus integrantes ha permitido a muchos otros informarse y actuar, mediante asambleas y mesas informativas o a través del encierro en Ciencias de la Comunicación. Todo este trabajo conjunto y desinteresado tiene como objetivo el contrarrestar la tan útil desinformación orquestada por quienes quieren implantar este plan de estudios. La desinformación y la apatía son su mayor arma.

Y es que esta pelea no es justa. Los medios de comunicación, informando mal o no informando, la confianza puesta en unos señores de traje y corbata que dicen trabajar para nosotros, o simplemente unos estereotipos suelen inclinar la balanza de los pocos objetivos, haciéndolos afines a un bando o a otro sin ni siquiera conocerlos. En mi caso, conozco gente con preocupaciones, dispuestos a trabajar duro para cambiar las cosas, pero que al llegar a una manifestación se ha encontrado con determinadas ropas o banderas de determinados colores con los que no se ha sentido identificados, prefiriendo volver a casa sin ejercer su derecho a manifestarse antes de mezclarse con “esa gente”.

¿Cuándo vamos a ver más allá de nuestras diferencias y centrarnos en lo que nos une?

¿Qué importan que nuestros peinados o formas de divertirnos sean diferentes, si ambos opinamos que las cosas deben cambiar? Y creedme, solo unidos lo conseguiremos.

He ahí la grandeza del movimiento estudiantil organizado en asambleas. Estudiantes diferentes, con ideologías diferentes pero estudiantes al fin y al cabo con un objetivo común: defender su educación. Puntos de vista dispares se unen en estas asambleas, donde cada uno tiene voz y voto y habla por si mismo, donde las acciones a tomar mañana son ideadas y votadas por sus integrantes hoy, donde todo estudiante concienciado con su educación tiene cabida. Unas asambleas repartidas por toda España y más allá de nuestras fronteras, que dejan bien claro que estos estudiantes quieren conocer el mundo que les rodea y tomar parte en él, creando en vez de acatando, cuestionando en vez de obedeciendo, conociendo en vez de ignorando. Y esta labor no es fácil.

Policías “protegiendo” el Rectorado. Todos sabemos lo peligroso que es un melenudo con un megáfono.

Policías “protegiendo” el Rectorado. Todos sabemos lo peligroso que es un melenudo con un megáfono.

La reforma universitaria conocida como Plan Bolonia lleva una década elaborándose en las sombras, sin contar con la voluntad de los estudiantes. Y es ahora, cuando los estudiantes toman de nuevo las calles y las aulas, cuando se vuelve a mencionar en los medios de comunicación y se emiten debates televisados. Por un lado están los expertos, enumerando los innumerables beneficios de la reforma, la cual llevará a la universidad a un estado casi orgásmico. Por otro, esos bárbaros de apenas veinte años que se aburren tanto como para leerse los reales decretos y poner en tela de juicio la palabra de los políticos.

Sin duda, los estereotipos no ayudan. Tampoco así lo hacen algunos medios de comunicación, más preocupados de convencer que de informar. Esos melenudos que hablan de política e historia tumbados en el césped no deben ser de fiar. Yo he rezado antes de cada manifestación, pidiendo que ninguna innoble paloma decidiese defecar sobre el hombro de algún respetable agente del orden. Y es que me imagino los titulares del día siguiente: Violentos Anti-Bolonia usan armas biológicas.

Publicado en  on at 6:23 pm Dejar un comentario
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El por que de “La Escalera”.

La universidad… Muchos dicen que es la época más bonita: forjas amistades que durarán de por vida o que no olvidarás, o bien afianzas otras anteriores; aparecen amores o personas con las que pasar un buen rato, que tampoco olvidarás; terminas de formar tu personalidad, de descubrir tus anhelos, tus convicciones, tu forma de pensar y de sentir…

Pero también es la época en la que empiezas a decidir qué actitud vas a tener ante la vida. Puedes pasar por ella sin más preocupaciones que tus propios intereses; puedes ser de los que se interesan por saber qué pasa en el mundo y por qué no, incluso, puedes ser de los que quiere, se propone o hace algo por cambiar las cosas con las que no está de acuerdo.

Pues bien, este boletín va dirigido a todo este tipo de personas: a los que quieren saber, para que se informen; a los que quieren actuar, para que se unan; y por último, a todos aquellos que no ven más allá de sus propios intereses, para que sepan qué les afecta. Y, ya de paso, para que abran sus horizontes, aunque sea un poquito.

A lo largo de estas páginas el lector encontrará información sobre la aplicación española del llamado “Plan Bolonia” (tanto a nivel estatal, como al Autonómico y local) que, como toda normativa jurídica, tiene sus causas, su articulado, sus consecuencias y sus problemas de aplicación. Todas estas cuestiones van a ser analizadas aquí, ya que nuestra intención no es centrarnos en un improductivo análisis superficial.

Por ello, sabiendo que quedarnos en una simple crítica sería insuficiente, tenemos que ir más lejos, profundizar y participar. Partimos de la convicción de que tenemos el deber de proponer modelos nuevos y alternativos de cómo podría ser y debería ser la universidad. La universidad de todos, nuestra universidad, la universidad que necesita que todos seamos partícipes de ella, que todos intervengamos en su reelaboración y revisión. Por lo que invitamos a todo el que quiera a ayudar a formar esa universidad: Por y para todos.

Esta publicación ha salido adelante gracias al trabajo voluntario de mucha gente.

En cuanto a este boletín, queremos dejar claro que si esta publicación ha salido adelante, ha sido gracias al trabajo y aportaciones voluntarias de mucha gente. No ha sido impulsada ni financiada por ninguna institución y mucho menos una empresa.

Esta pretende ser una publicación libre. Todo aquel que esté interesado en participar o colaborar puede ponerse en contacto con la redacción, enviando un correo electrónico a:

boletinlaescalera@gmail.com.

Publicado en  on at 5:54 pm Dejar un comentario
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¿Que es Bolonia?

Por fin parece que los medios de comunicación de masas empiezan a hablar del conocido como “Plan Bolonia”. Ante las protestas de los estudiantes y del profesorado, el Gobierno no ha hecho más que transmitir a los susodichos medios la propaganda que ya existía en la administración universitaria. Al final nunca escuchamos respuestas claras a nuestras inquietudes.

Así que, para tratar de solventar esta necesidad de información, los compañeros de la Asamblea Universitaria nos hemos puesto las pilas y hemos realizado un arduo trabajo de documentación.

Bolonia es el nombre mediático y popular del proceso de convergencia “europea”, y lo escribo así porque también la han firmado países de fuera de la Unión Europea, realizada mediante una serie de reuniones o declaraciones en las que pactaban los siguientes pasos a llevar a cabo en cada país. Por lo tanto, esto no “viene” de Europa. Además cabe remarcar que estas declaraciones no son de obligado cumplimiento en el reglamento español, y que tienen un carácter generalista. Por lo que “no viene impuesto”. El proceso aplicado en España es solo un conjunto de leyes, como otras cualquiera, que conforma la reforma educativa.

Esta declaración tuvo su máxima aceptación en la ciudad de Bolonia en 1999, nombre que tomo prestado a partir de entonces. En ella firmaron 39 ministros de paises europeos y no europeos. Es importante señalar que estas reuniones continuaron y continúan actualmente.

El comienzo real en España fue con la L.O.U. o Ley Orgánica de Universidades en el 2001 y que fue desarrollando con los Reales Decretos que mencionaré posteriormente, que fue impulsada con la reforma del PSOE en 2007 y delimitada ese mismo año con el Real Decreto 13932007. De cada una de las mencionadas leyes hay ciertos aspectos controvertidos, que explicare a continuación.

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La L.O.U estructura la universidad antidemocráticamente en unas elecciones a rector con voto ponderado y que lo refuerza al no concretar ninguna restricción en las financiaciones electorales. Esto la hace propensa a manipulación económica. Además, otorga ciertas competencias a un órgano compuesto por personajes políticos y señores empresarios, que se hace llamar Consejo Social.

Todo esto fue empaquetado junto con las bases del proceso de Bolonia y fue capaz de pasar a través de las muchas manifestaciones que se concentraron a lo largo de España ante la gravedad de la ley.

La cosa estuvo bastante relajada un tiempo, pues los Reales Decretos legislados en 2003 (1044/2003 y 1125/2003) que establecían el suplemento europeo al título y el sistema de créditos europeos, los cuales en sí mismos no conllevan ninguna consecuencia social. Además de dos Reales Decretos de homologación de títulos.

La cosa empezó a revolverse cuando vio la luz el Real Decreto 1393/2007 que ordenaban las enseñanzas universitarias o títulos en un grado general, más propio de la Formación Profesional que de la enseñanza superior, y unos posgrados oficiales cuyos precios se reflejan en estas páginas. Esto, por su propia estructura de grado general, hace más necesaria la realización de un postgrado, en los cuales han predominado y predominarán los privados.

También se crearon y otorgaron competencias evaluadoras de personal y de titulaciones a la ANECA, organismo estatal que agrega un filtro político y empresarial a la institución universitaria.

Estos, entre otras, han sido los orígenes de las movilizaciones.

Sobre la Educación y su Autonomía.

tiosam1Actualmente, la institución educativa es solo una rama más del poder, y esto se puede contemplar en la realidad de las comunidades autónomas españolas y los nacionalismos. Este poder, si no es controlado directamente por la ciudadanía, acabará reaccionando ante cualquier intento de ataque al poder troncal. De aquí la importancia de separar ambos. La autonomía educadora es la clave para ello. Pero no podemos permitir que la autonomía se convierta en una excusa para el control de la educación por parte de minorías como son la clase política, financiera y/o empresarial. La autonomía prometida por el Plan Bolonia es contradicha por la legislación vigente.

Históricamente la universidad ha sido de interés y beneficio privado y/o estatal (quitando excepciones como los ateneos libertarios durante la Segunda República) y es controlada a través de la troncalidad de temarios, a través de la intromisión de los partidos en la institución universitaria y ahora también de las instituciones financieras y empresariales. Debemos definir una Teoría de la Universidad Pública que represente las necesidades reales de la sociedad, como la crítica al sistema político y económico.

Contrario a lo que la venidera reforma quiere, la universidad no debe adaptarse a las necesidades del mercado, sino que debe tenerlas en cuenta pero sin subordinarse. Además la universidad debe ser tan crucial en la realidad social y moral como para poder transformarla. Porque a corto plazo yo necesito un trabajo, pero a largo plazo lo que necesito es que la sociedad haya crecido crítica, inteligente e independiente y haya tejido la realidad política y económica. Y el artífice de esta transformación debe ser la educación, no manipulada, desde los primeros años hasta la universidad.

Concluyendo, si la universidad debe ser crítica con el sistema político, debe ser independiente de éste.

Mayo del 68: ¿No debe pasar nada más?

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Generalmente, cuando escuchamos hablar a algún “veterano” sobre mayo del 68 se repiten una serie de lugares comunes que hemos acabado por asimilar: fue una revuelta estudiantil muy bonita, lo que más importaba era un cambio cultural, fue relativamente pacífica, es que éramos jóvenes y estábamos hormonados. Estos tópicos tienden a explicar una revuelta juvenil en base a que es algo propio de la edad y que, como la juventud, se acaba. Lectura muy similar a la que hacen los actuales cargos administrativos en cualquier área (rectorados, gobiernos, etc.): las revueltas la realizan los estudiantes que se aburren.

Sin embargo de lo que poco o nada se habla es del impacto y la profundidad que tuvo la revuelta de mayo de 1968 a todos los niveles, de las reivindicaciones reales de este movimiento y de su final.

Un final que no fue provocado porque las manifestaciones hayan pasado de moda, las hormonas volvieran a su lugar y la cultura, al fin, hubiese cambiado. Mayo del 68 acabó en junio con la ilegalización de 11 organizaciones juveniles de izquierdas, la muerte en a manos de los antidisturbios de varios jóvenes estudiantes y trabajadores, la reactivación de grupos paramilitares de extrema derecha y la amenaza de la intervención militar realizada por el gobierno de De Gaulle.

Una escalada de represión pocas veces vista en la historia actual de Europa.

Mayo del 68 no empieza en mayo, ni siquiera en 1968. Empieza el 17 de octubre de 1961, con la matanza en París de 200 argelinos que se manifestaban pacíficamente pidiendo la paz y la independencia de la Argelia aun francesa.

Días después dos pequeños grupos estudiantiles (el Comité du Front Universitaire Antifasciste y el Comité Anticolonialiste) tomarán las calles para protestar por esta masacre, que por cierto fue silenciada en los grandes medios de comunicación en el primero de los que serían llamados apagones informativos, iniciando así un movimiento que durante la década de los 60 crecerá y se centrará, ademásMad01ntsofi3datoszzz_usuarios-internetSONIA NO TIRARMAYO 6 de en las reivindicaciones propiamente estudiantiles, en la solidaridad internacional (después de Argelia vendrá Vietnam) y en el cuestionamiento del propio sistema capitalista.

Al mismo tiempo, diversos colectivos estudiantiles saldrán de sus centros de estudios para apoyar las reivindicaciones obreras durante la década de los 60. A finales de esta década en las fábricas y en los centros de trabajo se había forjado una tradición de lucha en muchos casos al margen de los grandes sindicatos, y estudiantes y trabajadores habían aumentado su cercanía gracias al trabajo conjunto en determinadas reivindicaciones. En 1968 lo que se producirá será la confluencia final entre el movimiento estudiantil y el movimiento obrero.

Esto comenzará el 22 de marzo de 1968, ante la detención de varios activistas estudiantiles que marchaban en manifestación en Nanterre. El 2 de mayo, en protesta por estas detenciones, las aulas de la protesta. Las universidades francesas, en estos momentos, viven una única y larga protesta que el gobierno responde, el 3 de mayo, cerrando la Sorbona y deteniendo a 600 estudiantes. El día 10 de mayo los estudiantes de secundaria inician la huelga y se atrincheran, jun-to con los universitarios, en el Barrio Latino; tres días después la Sorbona es ocupada. El 16 de mayo los obreros se unen al levantamiento, ocupando la fábrica de Renault y reteniendo al director. Al día siguiente, la mayor huelga general de la historia de Francia (y de Europa), paraliza al país, al tiempo que se generalizan las ocupaciones de centros de trabajo y de estudio. El gobierno,foto3 contra las cuerdas, ratifica un aumento salarial del 35% y anuncia la reforma de la universidad, pero esto no para el movimiento. De Gaulle se marcha, el 29 de mayo, a Alemania para reunirse con… sectores ultraderechistas del ejército.

Al día siguiente pronuncia un discurso en los Campos Elíseos: la paz será garantizada, y si eso implica sacar el ejército a las calles, que así sea.

En junio el movimiento no se apagará, pero la creciente represión pone en jaque a los estudiantes y a los obreros. Durante el verano, tras la ilegalización de los colectivos más activos durante los disturbios de mayo y la detención de sus miembros, son amnistiados numerosos miembros del grupo paramilitar OAS (Organización del Ejército Secreto, por sus siglas en francés), al tiempo que De Gaulle insta a la creación de “grupos de acción ciudadana”, que estarían dirigidos por estos paramilitares para eliminar a “grupos incontrolables” es decir, a obreros y estudiantes. Las Manisestaciones públicas estuvieron prohibidas durante 18 meses, en un estado de excepción encubierto.

Mayo del 68 demostró la capacidad del movimiento estudiantil y obrero de poner en jaque a las estructuras estatales. Mostró que la salida de la apatía de la juventud y los trabajadores era un riesgo que los dirigentes sociales no podían correr. Los elementos más activos de este movimiento siguieron en la militancia social o política de manera activa durante los 70, con toda la carga de represión y persecución que eso conllevaba. Los menos se convirtieron en arrepentidos, pagados con buenos cargos, con la función de repetir a las nuevas generaciones su propio mantra: yo fui así, no vale para nada.

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Son estos últimos los que interiorizaron la frase de De Gaulle el 30 de mayo de 1968, cuando parecía que todo podía cambiar: “no debe pasar nada más, ni en las calles, ni en los edificios”.

Publicado en  on at 4:22 pm Dejar un comentario
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